La porcelana fue creada en China durante la dinastía Tang a partir de un proceso de cocción de dos minerales, feldespato y caolín, el cuál sufrió algunas alteraciones durante el paso de los siglos, añadiendo a su composición cuarzo y arcilla. Se distingue de los demás productos cerámicos por su dureza, blancura y translucidez. Posee además un elevado nivel de resistencia mecánica, baja porosidad, inocuidad, tacto suave y belleza.